Willkommen auf den Seiten des Auswärtigen Amts

Discurso del Ministro federal de Relaciones Exteriores con motivo de la Conferencia "Colombia, país socio: La contribución del sector económico en la senda hacia la paz"

Heiko Maas -Ministro Federal de Relaciones Exteriores

Heiko Maas -Ministro Federal de Relaciones Exteriores, © Thomas Koehler/photothek.net

23.11.2018 - Artículo

Discurso del Ministro federal Heiko Maas durante la Conferencia: Colombia, país socio: La contribución del sector económico en la senda hacia la paz. 

Un soleado domingo del mes de agosto de 1984 más de diez mil personas se manifestaban en la Plaza Bolívar de Bogotá. Se manifestaban por la paz en Colombia. Muchos de ellos dibujaron palomas de la paz.

Entre ellos también Gabriel García Márquez, por entonces ya premio nobel y uno de los escritores más famosos del mundo.

También él pintó una paloma, pero como hombre de palabra que es, naturalmente también añadió una frase: “¡Viva la paz con los ojos abiertos!”

Una frase cuyo doble sentido parece residir en la naturaleza misma de la paz.

La paz puede abrirnos los ojos. Puede cambiar el modo en que los colombianos se ven unos a otros y también la manera en la que el mundo ve a Colombia.

Pero el camino de la paz también está bordeado por pactos dolorosos. “Porque cada violencia cometida contra un ser humano es una herida en la carne de la humanidad”, así lo expresó el Papa Francisco el pasado año en un encuentro con las víctimas del conflicto colombiano.

“La paz con los ojos abiertos” significa, por tanto, no ser “ingenuo”.

Significa tomar el camino de la paz “con los ojos bien abiertos”, a pesar de los riesgos existentes.

Significa tener el valor de aceptar también “la paz imperfecta” que el presidente de la Comisión de la Verdad no se cansa de evocar.

Colombia inició el camino cuando en 2016 firmó el histórico Acuerdo de Paz con las FARC. El valor para dar este paso fue motivo de admiración en todo el mundo, también, y de manera muy especial, aquí, en Alemania. El acuerdo despierta la esperanza. Esperanza en unos tiempos en los que los conflictos están aumentando en todo el mundo, en los que posicionarse a favor del orden internacional se hace cada vez menos usual y, sobre todo, en los que los abismos ideológicos amenazan con dividirnos cada vez más.

El claro posicionamiento del presidente Duque a favor de proseguir el camino de la reconciliación iniciado por Colombia y de cumplir con el acuerdo de paz firmado con las FARC, ha sido para nosotros motivo de extraordinaria satisfacción y alivio.

Celebramos que el presidente Duque quiera centrar su política en la estabilización de los territorios del país que se ven especialmente amenazados, pues supondría un gran riesgo para la paz que las regiones que anteriormente estaban dominadas por las FARC cayeran ahora en manos de grupos criminales.

Este foco de atención sobre “la paz en los territorios” representa un punto de partida para una colaboración colombo-alemana aún más estrecha. Al fin y al cabo, la estabilización es uno de los distintivos de nuestra política de paz.

Así, por ejemplo, fomentamos un proyecto de las Naciones Unidas que ofrece asesorías para estabilizar el país. Pero también apoyamos a Colombia de manera muy práctica: integrando a los desplazados internos, mediante proyectos que sirvan para la superación de conflictos o, también, removiendo minas.

Alemania respalda a Colombia como socio y como amigo, y con ello también respalda la paz. Para recalcarlo, el Ministerio Federal de Relaciones Exteriores pondrá a disposición del Fondo Fiduciario de las Naciones Unidas para Colombia otros diez millones de euros.

Con ellos se podrán ejecutar las medidas de estabilización en los municipios del país que se ven especialmente afectados, pero sobre todo, en las provincias del Pacífico. Además, precisamente hoy se celebran en Bogotá las negociaciones intergubernamentales en materia de política de desarrollo, en las que también la estabilización y el mantenimiento de la paz desempeñan un papel importante.

Nuestros proyectos y programas fortalecen y apoyan el proceso de paz; de esto no nos cabe la menor duda. Pueden ayudar a que las heridas se cierren antes y a que los exadversarios se sienten a la mesa. Sin embargo, con nuestros proyectos, no podremos reemplazar ni el proceso político ni la reconciliación social.

Por este motivo, Alemania continuará acompañando también políticamente el proceso de paz. Este enfoque lo encarna de forma ejemplar Tom Koenigs, al que, aprovechando la ocasión, me gustaría volver a expresar mi más cordial agradecimiento por su fuerte compromiso y por su colaboración durante todos estos años.

Como miembro del grupo de apoyo del proceso de paz con el ELN, Alemania está también dispuesta a apoyar los esfuerzos del Gobierno colombiano por poner fin a la violencia cuando se retomen las conversaciones en La Habana.

Y, como miembro del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, a partir de enero queremos contribuir a que las Naciones Unidas también respalden firmemente a sus país en el mantenimiento duradero de la paz.

En una declaración del pasado mes de octubre, el Consejo de Seguridad denominó el proceso de paz en Colombia “una fuente de inspiración para los esfuerzos realizados en muchas partes del mundo para poner fin a los conflictos y construir la paz”.

¡Colombia como inspiración para el resto del mundo! Quienes conocen el lenguaje habitual de las resoluciones de la ONU saben que una frase así es pura poesía en boca del Consejo de Seguridad. Señoras y señores, de esta frase se deducen una cohesión y un apoyo notables que nosotros, como futuros miembros del Consejo de Seguridad, queremos mantener y fortalecer.

Pero, en última instancia, la paz únicamente será posible si los colombianos y las colombianas están dispuestos a perdonarse. Perdonar no significa olvidar el pasado o renunciar a una reparación de los daños ni a que se haga justicia. “Perdonar”, en palabras del presidente de la Comisión de la Verdad, significa “deponer el odio”.

No nos hagamos ilusiones, esto requiere un gran esfuerzo por parte de las víctimas. Por ello, es aún más importante que Colombia, con la Jurisdicción Especial para la Paz, la Comisión de la Verdad y la Unidad especial para la búsqueda de personas dadas por desaparecidas, haya creado un sistema centrado en las víctimas y en su derecho a conocer la verdad y en que se haga justicia y se realice una reparación.

Para la credibilidad de estas instituciones es esencial que sean libres e independientes, y que puedan efectuar su labor con el respaldo político y económico necesarios.

De algo así surge la confianza en el proceso de paz, de algo así surge la paz jurídica. Un concepto clave que contiene una gran verdad: no hay paz sin justicia ni justicia sin derecho.

Para el proceso de paz colombiano no hay modelo a seguir que valga. Colombia tiene que encontrar su propio camino hacia la paz y estoy absolutamente convencido de que el nuevo Gobierno lo va a lograr. Pero nosotros, los alemanes, les ofrecemos compartir con ellos las experiencias fruto de nuestra propia historia.

A ello contribuye considerablemente el Instituto Colombo-Alemán para la Paz, CAPAZ. Con su labor científica no solo da continuidad a los 50 años de colaboración académica e investigación puntera de nuestros dos países, sino que es sobre todo un lugar de intercambio y entendimiento recíproco.

Especialmente en las regiones logra reunir a personas que de otro modo jamás se encontrarían en su día a día, como, por ejemplo, exguerrilleros de las FARC y representantes del ejército y la sociedad civil.

Ofrece asesoría política sobre el tema de la violencia e investiga las condiciones marco económicas del proceso de paz, de las que también trata nuestra conferencia de hoy.

Una cosa está clara: la geografía colombiana, sus recursos naturales y, sobre todo, sus gentes tienen un enorme potencial. Una paz duradera ofrece la oportunidad de, por fin, aprovechar este potencial; por el bien de todos los colombianos y colombianas.

Podemos confiar, pues los datos marco son buenos:

Colombia es una de las grandes economías de América Latina.

Su economía experimenta un crecimiento constante desde hace años.

Las empresas alemanas sitas en Colombia cuentan con una larga tradición.

Son ya más de 150 las empresas alemanas que están representadas en el país y que, a menudo, marcan las pautas en materia de desarrollo sostenible y del mantenimiento de los estándares sociales.

Sobre estos fundamentos se puede seguir construyendo y eso es lo que queremos.

Por este motivo me complace que hayan venido ustedes hoy a Berlín para abordar con nosotros estos temas: ¿cómo podemos lograr que el desarrollo económico también llegue a las partes del país que han sido azotadas por la crisis?, ¿cómo puede el compromiso empresarial contribuir a fomentar la paz y la estabilidad y cómo podemos seguir profundizando nuestra cooperación económica aún más?

¡A todos ustedes me gustaría expresarles mi más cordial agradecimiento por su asistencia, pero, sobre todo, por su interés por las relaciones colombo-alemanas!, pues reviste para nosotros particular importancia.

¡Un especial agradecimiento se lo transmito, naturalmente, a usted, querido colega, querido Carlos! El hecho de que haya venido a Berlín cuando ha pasado tan poco tiempo desde su investidura, lo interpretamos como una muestra de nuestra estrecha asociación y amistad. Y de manera muy especial, me complace que, a partir de ahora, al frente del Ministerio de Relaciones Exteriores colombiano esté un buen conocedor de Alemania, como lo es usted.

También nos alegra que no haya venido usted solo, sino que haya acudido acompañado por el nuevo Embajador colombiano, cuyo nombre, Hans Peter Knudsen, no podría ser más clásico.

Querido señor Embajador Knudsen:

No solo por su nombre, sino también por sus orígenes familiares, es usted, en cierto modo, la personificación de las relaciones colombo-alemanas. ¡Bienvenido a Berlín! ¡Nos será muy grato mantener una buena cooperación con usted!

Señoras y señores:

He comenzado mi discurso haciendo referencia a Gabriel García Márquez. En su mágica y universalmente conocida novela Cien años de soledad, García Márquez cuenta la historia de Macondo, un pueblo que acaba desapareciendo de manera trágica. “Las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra”, escribió García Márquez.

Pero Colombia no es Macondo. Con el proceso de paz la misma Colombia ha sido la que ha aprovechado su segunda oportunidad.

Como representante de Alemania, un país que a lo largo de su historia ha tenido que aprovechar en varias ocasiones una segunda oportunidad, no puedo hacer otra cosa que alentarles: ¡Aprovechen las perspectivas de paz, con los ojos bien abiertos! Y puedo asegurarles una cosa: Alemania quiere hacer y hará todo aquello que esté a nuestro alcance para contribuir al proceso de paz.

¡Muchas gracias!

Inicio de página